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Messi, el alumno rebelde… por ALBERT LLIMÓS

Incompetente. Lento. Incapacitado. Pasota. Grosero. Éste es Leo Messi. Una persona que en una década fue incapaz de entender el lenguaje Barça. Desde que aterrizó en Cataluña el septiembre de 2000, el argentino ha tenido diferentes entrenadores que le han intentado inculcar el modelo azulgrana. Sin suerte. Los esfuerzos de los mentores han chocado siempre con la tozudez del de Rosario. La mejor escuela del mundo, formadores altamente calificados, han sucumbido contra el rebelde futbolista. De hecho, su rostro siempre sereno no mostraba un adolescente sumiso y obediente, al contrario, su carácter vergonzoso escondía la indiferencia de quien no quiere escuchar. Al academicismo de la Masia, Messi contraponía la anarquía de la calle. Fracaso de la que se proclama mejor cantera del mundo.
Esto es lo que podríamos extraer -con un poco de humor y fanatismo- de las palabras del mismo argentino hace un mes. En una entrevista en el diario El País, Messi narra lo que han sido doce años de ¿aprendizaje?: “aquí la filosofía es parar y tocar de primera. Pero yo no la daba a nadie! Al final se dieron cuenta que no me salía y me dejaron”. Detrás de esta sencilla exposición, encontramos una de las grandes explicaciones de la grandeza del modelo Barça y la universalidad de Leo Messi. El talento se puede educar, se puede moldear, pero nunca limitar ni encasillar. La calidad de Messi es un torrente desbocado que nadie puede parar. El de Rosario es anarquía, verticalidad y arrebato, elementos que chocan de lleno con el “seny”, la calma y la paciencia de can Barça. La virtud de la Masia fue entender que detrás de esa figura tímida, había un caudal único de talento. Un diamante que solo se tenía que pulir; tallarlo según el patrón habitual, hubiera atenuado su brillantez. No desistieron, respetaron su fútbol callejero, hasta que, doce años más tarde, el argentino ha aprendido por sí mismo el lenguaje del club catalán. Puede parecer una paradoja, pero cuando Messi ha alcanzado los niveles más altos de libertad, con todo el equipo entregado a él, inicio y final de todo, ha sido precisamente cuando ha comprendido la esencia del juego azulgrana. Acostumbrado al vértigo, Messi conoce ahora la pausa.
Nos podemos preguntar, qué habría pasado si en la Masia hubieran optado por la fórmula del ministro Wert, adoctrinando a los chavales bajo el pensamiento único. Nunca conoceremos la respuesta, aunque quizá podamos aproximarnos si miramos cómo Mourinho aplica su ley marcial con la cantera.
ALBERT LLIMÓS
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Esta entrada fue publicada el 29/12/2012 por en ALBERT LLIMÓS, FD.
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