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Periodistas y Anónimos

Michael Robinson: “Soy muy afortunado: tengo 52 años y nunca he dado un palo al agua”

Fuente: Por Sergi Torres/jotdown.es

Bajo las miradas de sospecha de socios y empleados del Club Jarama R.A.C.E esperamos la llegada de Michael Robinson. 
Con puntualidad inglesa —claro— Michael se presenta y nos saluda con una efusión y alegría impropia de quien se encuentra en el único momento libre entre dos viajes en avión a horas intempestivas. 
Durante casi tres horas conversamos sobre fútbol, televisión, arte, literatura, la buena vida y hasta interpretó para nosotros un pequeño fragmento de Hamlet. Porque Robin resulta ser justo lo que aparenta: una persona entrañable.

Menotti dijo de usted que le centraban un cochinillo y lo remataba de cabeza.
Yo era un delantero cuya máxima virtud era el juego aéreo y me gustaba. Lo que pasa es que en España el fútbol que se jugaba era siempre por el suelo y era extraño encontrar a alguien que dominara el juego aéreo. Pero incluso hoy en día el fútbol español tiene grandes carencias en defender ese tipo de juego. El doblete del Atlético de Madrid de hace unos años se basó en juego aéreo desde balón parado. Yo era un tipo atípico.
Pero su llegada también fue atípica.
Salí del Liverpool para fichar por el Queen’s Park Rangers, pero ahora me doy cuenta de que fui injusto con ese club porque lo estaba comparando siempre con el Liverpool. Por eso al final de mi tercera temporada allí hablé con el entrenador para pedir mi salida, porque quería jugar en el extranjero.
¿Por qué?
De alguna manera, el fútbol me había robado mi formación. No había podido, por ejemplo, ir a la universidad. Evidentemente, yo quería jugar a fútbol, pero también tenía algunas inquietudes intelectuales y el fútbol podía compensarme jugando en otro país: vivir en el extranjero, conocer otro idioma, otras costumbres, otra cultura…
Y eligió fichar por el Osasuna.
Sí, y era la peor de todas las ofertas que tenía, pero en ese momento no quería decidir en función del dinero, sino que quería jugar mis últimos años en un lugar en el que me sintiera apreciado.
Y, de hecho, aún le aprecian por allí.
Sí, bueno, aunque hay algún osasunista celoso de mi amor por el Cádiz.
Pero ¿por qué el Cádiz?
Porque Cádiz tiene duende. Es la única ciudad occidental donde el capitalismo no es la ley. Ser rico es incluso una desventaja. Se vive según unas reglas diferentes. Y, aunque pueda sonar a estereotipo, mientras que en otras ciudades de Andalucía son “graciosos profesionales”, esto es, intentan ser graciosos, como en Sevilla, en Cádiz lo son sin esfuerzo.
¿Y en Cádiz ha aprendido castellano?
A mí me cuesta alrededor de un día y medio acostumbrarme al acento de allí. Pero me han enseñado que la frase “es lo que hay” sirve para cualquier circunstancia.
Es decir, que de Cádiz le gusta todo.
Sí, me gusta la ciudad, me gusta el equipo de fútbol, me gusta cómo afrontan la vida los gaditanos… me fascina. Pero el problema es que a veces me tratan con demasiado cariño y entonces me siento incómodo.
Pero aún lleva al Liverpool en el corazón, supongo.
Sí, mi club es el Liverpool.
¿Y realmente es cierta la mística que hay alrededor de ese club? ¿Se percibe también cuando se está en él?
Sí. El estadio, por ejemplo. Anfield no es muy grande, pero puedes estar sobre el césped con un compañero a cinco metros y tienes que gritar porque el ruido es espectacular. Y cantan, cantan mucho y bien. Yo no he conocido un “chantaje moral” similar al que se vive cuando se juega en Anfield. La afición te ama. Tras el partido pueden decir “qué mal ha jugado éste” pero mientras se juega, la reverencia y adoración que te prestan es inigualable. Es un apoyo incondicional. Llegaba a tanto que a veces preferíamos jugar fuera de casa para no tener tanta responsabilidad y tener la cabeza más fría. La última frase que nos decía antes de saltar al campo un míster que tuve era “No olviden que estamos en deuda con esta gente”. Y era cierto: en los años ochenta, Liverpool era una ciudad que no tenía nada, Margaret Thatcher la había masacrado y sólo nos tenían a nosotros.
Eran un alivio para los ciudadanos.
Claro, siendo el fútbol el deporte más tribal que hay, los colores, las bufandas, te identifican con el colectivo. Y nosotros queríamos que estuvieran tan orgullosos de nosotros como nosotros lo estábamos de ellos. Era una relación romántica. Y además daba la casualidad de que, a pesar de tenerme a mí, aquel Liverpool ganaba y fue el mejor equipo del mundo.
Y también hay otro capítulo más oscuro del Liverpool, lo que pasó en Heysel. A raíz de aquello los clubes ingleses fueron sancionados con 8 años, y el Liverpool indefinidamente. ¿Fue una sanción exagerada?
Creo que nos lo habíamos merecido. Era intolerable que, tras un partido de la selección inglesa, destrozáramos la ciudad donde se había jugado. Liverpool tenía la fama (y aún hoy) de tener la mejor afición en el campo: aplaudiendo a los rivales, animando al equipo… pero pasó lo de Heysel y fue la gota que colmó el vaso de la paciencia con los clubes ingleses.
¿Es cierto que se están planteando llamar a Almunia para la selección inglesa?
Eso es lo que dice los medios españoles. Pero es inconcebible. Manuel allí tiene muy mala prensa. Cuando pones la televisión inglesa siempre hablan del problema que tiene el Arsenal con Almunia. Pero es cierto que los porteros ingleses no están en su mejor momento. A los ingleses le gusta el fútbol inglés y le dan mucha más importancia a ganar la liga que la Copa de Europa, por ejemplo. La afición aplaude a centrales tipo John Terry, cosa que no entiendo. Es un jugador con una moral victoriana sobre el campo: arremangarse, correr, le encanta que le den hostias, le abran la ceja y la cabeza… pero cada vez que tiene el balón lo pierde; a la hinchada le encanta esa hombría. Y se admira a los centrocampistas que recuperan muchos balones, pero se omite que también pierden muchos. Es a la creatividad lo mismo que Herodes cuidando a unos niños. Pues con los porteros pasa lo mismo: el juego aéreo es muy importante, por lo que cogemos porteros que salgan y dominen el área pero no son los mejores parando balones. Lo que sirve para un fútbol no sirve para otro. El “tiki-taka” del Barça mal jugado (sin la excelencia que han conseguido), digamos un mal día del Barça, vaciaría los estadios ingleses: “no hemos venido a ver niños tocando la pelota, yo quiero ver algo de sangre.”
Usted compartió programa con Josep Pedrerol. ¿Cómo valora que ahora haga un problema que podría ser completamente opuesto al que usted hace (Informe Robinson): gritos, discusiones?
Yo ya le he dicho alguna vez que él hace el Salsa Rosa del fútbol. Y no creo que Punto pelota haga ningún favor al fútbol, porque se dedica a crispar y devaluarlo, aunque a Pedrerol lo quiero con locura, es de los mejores compañeros con quien he trabajado… pero el programa no me gusta. Son discusiones con mal estilo.
¿No le gusta la deriva que está tomando el fútbol en TV?
Cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo abogo por una regulación de la televisión, y no me refiero a censura. Es que España es el único país de Europa que no tiene una reguladora, dicho sea de paso. No puede ser que un niño llegue a casa del colegio y tenga según qué contenidos: blasfemias y degradaciones humanas. Y no quiero decir que esos programas no deban existir, sino quizá en otro horario.
Y usted, ¿de qué equipo es, del Madrid o del Barça?
De ninguno: del Liverpool. Pero eso no hace que no pueda admirar la belleza de otros equipos y el mejor equipo que he visto en mi vida ha sido el Barça. Y eso no me hace culé, porque lo diría igual si fuera el Madrid, el Valencia o el Sevilla.
¿Y cuál es el secreto del Barça?
Pues que se juega sólo con un balón y por muy buenos que sean tus jugadores, si no tienen el balón porque lo tiene el Barça, poco vas a hacer. Tras el 5-0 de esta temporada, lo primero que dijo Mourinho es que el Madrid había jugado muy mal. Y, pese a ser falso, es lo que tenía que decir; si llega a decir la verdad, que el Barça era intratable, apaga y vámonos. Afrontar la verdad es difícil.
¿Cuál es el himno del fútbol español que más le gusta?
El del Sevilla, de El Arrebato, me gusta mucho. Y me sorprende, porque es nuevo. Pero en Inglaterra, por ejemplo, hay muchos equipos que no tienen himno. El You’ll never walk alone no es el himno del Liverpool. También lo cantan en el Celtic, o muchas hinchadas en Alemania.
¿Le gusta el rugby?
Sí, creo que es el deporte de equipo por excelencia.
¿Sigue alguna serie de TV?
Me gustan mucho los productos de HBO. Últimamente me he enganchado a The wire y a Treme. Creo que han clavado lo que yo considero el mundo audiovisual: imágenes, imágenes, imágenes, descripción y más imágenes. Todo visual. Vi The wire casi seguido, sin tener que esperar por los capítulos, y creo que es lo más grande.
¿Y las inglesas?
Sí, también. En la BBC trabajan poco, pero cuando lo hacen, lo hacen bien. Recomiendo una serie, Waking the dead, que es como una precursora de CSI.
Y el humor inglés…
Black adder me parece extraordinaria. Los guionistas eran Rowan Atkinson, Stephen Fry y Hugh Laurie. Eran cómicos, no actores. Por eso me sorprende el registro de este último en House. Pero volvemos a lo mismo, Black adder es tan visual… en la vida real, cuando conoces a una persona, los cinco primeros segundos marcan mucho; y en televisión pasa lo mismo. Tú ves aparecer a Baldrich y ya sonríes. Y los Monty Python… qué decir.
¿Y españoles?
Eugenio me hacía partir de risa. Dominaba la pausa.
¿Le gusta el cine?
Sí, pero voy poco. Mi película preferida es Memorias de África. Sidney Pollack cogió un libro ilegible y lo convirtió en una obra maestra del mundo audiovisual. En esa película no habla nadie, pero es que tampoco hace falta.
Y ya que ha dicho que le hubiera gustado estudiar Historia del arte, ¿cuáles son sus artistas favoritos?
Me gusta Velázquez: fue el primero en describir la derrota. Antes de él todos pintaban soldados gloriosos, ganadores, pero Velázquez dignificó la derrota y la muerte. Y no entro en la belleza de sus cuadros, sino en su significado.
Si no hubiera existido el fútbol, ¿a qué se habría dedicado Michael Robinson?
Lo mismo que hago ahora: habría querido escribir programas de televisión. Cuando dejé el fútbol mi primera idea era ir a la universidad a estudiar historia del arte. Pero un día, jugando a cricket, un compañero me presentó a su jefe, que era de Sky TV y quería patrocinarme. Me quería pagar mucho dinero por estar dos años sin hacer nada viviendo en Düsseldorf, Amsterdam, Zürich y Denver para que aprendiera a hacer televisión. La televisión me seduce: me ha hecho llorar de pena, de felicidad, reír mucho, me cuenta las historias más terroríficas, me da las mejores noticias: no es la caja tonta, es la caja mágica.
¿Cuál es su profesión?
No lo sé. No soy periodista deportivo, pero tampoco me considero un productor de programas de televisión. A veces, cuando tengo que rellenar un formulario y pone “Profesión” me pregunto si debería poner “Jeta”, pero acabo poniendo “Director de televisión”. Aunque la verdad es que no sé qué profesión tengo. Soy muy afortunado: he cumplido 52 años y no he dado un palo al agua nunca. Lo que hago no lo considero trabajo. Por eso no sé cuál es mi profesión. Lo que intento es hacerlo lo mejor posible para no decepcionar a esa gente que me han concedido un par de minutos de su vida para que les enseñe lo que he hecho. Me considero muy profesional, pero no sé de qué. Y también te digo que no me preocupa, cosa que creo que es buena para el karma.
Fuente: Por Sergi Torres/jotdown.es
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Esta entrada fue publicada el 26/05/2011 por en ENTREVISTAS, Robinson.
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