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El día en que Nadal tuvo miedo

Fuente: José Luis Domínguez/LANACION

En su debut en Roland Garros, el N° 1 del mundo sufrió lo indecible para vencer a Isner, en cinco sets

PARÍS.- Durante un buen rato Roland Garros se paralizó. Aquí es donde Rafael Nadal marcó una época, y acá estuvo cerca de despedirse de manera más que prematura. Estos son tiempos difíciles para el zurdo manacorense. Su posición de número 1 está amenazada por Novak Djokovic, y en estos días tiene poco por ganar y mucho por perder. Nadal está acostumbrado a las presiones que implica estar en lo más alto, pero ahora hasta su reinado en París corre peligro. Y todo ello parece haber minado la confianza y el juego del pentacampeón del abierto francés.
Las cuatro caídas que Nadal sufrió ante Djokovic (Indian Wells, Miami, Madrid y Roma, todas en finales) han dejado una huella visible. John Isner mostró un desparpajo impensado y se atrevió a faltarle el respeto en su principal bastión. Lo admitió Nadal: “Hoy he golpeado la bola con un pelín demasiado de miedo”. Le falta confianza. Por primera vez, la estructura invulnerable sobre la tierra batida le deja su lugar a una versión más frágil; no es que por ello Nadal sea un jugador fácil de vencer, pero sí trasluce la sensación de que hay una grieta donde todo era rocoso. Tan grande es su categoría como deportista que muchas veces rozó lo sobrehumano. Bueno, ahora se vio su lado humano.
Había que verlo a Nadal dando vueltas como un león enjaulado. El español era eso, un felino nervioso e inquieto, atrapado en una emboscada que su rival pretendía imponerle en su propia jungla. Nunca, desde su debut aquí en 2005, había necesitado ir a un quinto set en el polvo de ladrillo parisiense. Isner, el hombre-maratón, el Big Man de 2,06m que protagonizó 11h5m de acción contra Nicolas Mahut en Wimbledon, estuvo cerca de protagonizar otra obra mayor. Sólo Robin Soderling, aún hoy el único vencedor de Nadal en París, había conseguido ganarle dos sets al español aquí.
Una caída en primera le habría servido en bandeja el 1 del mundo a Djokovic. Por ahora es de Nadal. Pero la victoria sobre el gigante norteamericano por 6-4, 6-7 (2-7), 6-7 (2-7), 6-2 y 6-4, en cuatro horas, despierta inquietud. Ese festejo vehemente del final reflejó el desahogo que significó el éxito para Rafa. Incluso fue raro observar que su tío y entrenador, Toni, dejaba de lado la serenidad de siempre para alentar a su sobrino con una efusividad inédita.
Como nadie, Nadal sabe que camina por un sendero en el que no tiene margen de equivocación. La ecuación es sencilla: Rafa dejará el primer puesto del ranking con cualquier resultado que no sea ganar el título, y ni eso le asegurará seguir al tope, pues Djokovic lo desplazará de manera automática si llega a la final. Es una inmensa presión. Y la fe en las propias fuerzas no es la misma. No puede serlo para Nadal después de cuatro caídas ante Djokovic, incluso en territorios (Madrid y Roma) que eran parte del imperio naranja del español. De allí las dudas, que se agigantan con esta primera producción.
Y eso que el partido estaba razonablemente bien encaminado, con un parcial de 6-4 y 4-2. Pero Isner reaccionó, fue más agresivo y Nadal trastabilló. Y quedó dos sets a uno abajo. “Estoy cerca de perder: eso es lo que pensé”, admitió. “Acepto que estuve nervioso en los tie-breaks, pero con 6-4 y 4-2 no puedo desaprovechar el segundo set. Ahí es donde me lío el partido, lo demás… Contra este tipo de jugadores es algo que puede pasar.”
A medida que Isner iba sumando games a su cuenta, el público, que llenó el court central, aumentaba su apoyo hacia él; más allá del respeto hacia Nadal, está claro que el preferido del espectador francés es Roger Federer. Había todavía un trecho por delante, y Rafa encontró la llave para poner la casa en orden con un quiebre temprano en el cuarto parcial; a partir de allí, no entregó más resquicios. Con gesto reconcentrado, el español se quitó los fantasmas de encima y sacó el pasaje para medirse en la segunda rueda con su compatriota Pablo Andújar.
A pesar del susto, Nadal no se alarma: “Tenía un poco de nervios y eso hay que aceptarlo. Son cosas que me pasaban menos antes. Es algo que tengo que solucionar. Son muchos años de competencia, de estar arriba… Es mi séptimo año como número 1 o 2 del mundo, mucho tiempo de aguantar la presión. Pero no es un momento bajo, en absoluto. Vengo de disputar seis finales seguidas. Todas estas cosas son normales en un torneo como Roland Garros en los primeros días”. Recordó que en otros momentos había rendido en baja forma aquí (“He jugado partidos muy malos; con Cipolla fue desastroso, con Gianni Minna fue peor que el de hoy…”). Aunque en ninguno de ellos se lo había visto en zona de riesgo como esta vez. Nadal es, todavía, un enorme candidato que sueña con ganar por sexta vez en París, pero en su presentación, acaso como nunca antes, vio al desnudo su lado oscuro. 

Fuente: José Luis Domínguez/LANACION

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Esta entrada fue publicada el 25/05/2011 por en NADAL, ROLAND GARROS.
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