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Periodistas y Anónimos

De la Peña o el talento roto

Fuente externa: Gonzalo de Melo / faltadirecta.com
Una y otra vez. Como la porcelana más delicada, aunque con la calidad del mármol de Carrara. Iván de la Peña, cántabro de nacimiento y máximo exponente de la “Quinta del Mini”, se retira este fin de semana. No ha podido más con un cuerpo treintañero, que le lleva traicionando desde hace años. Sus lesiones en el tramo final de su carrera ensombrecen un talento de aquel mediapunta, bajito y calvo, que debutó con Cruyff
El tiempo es traicionero. Sobre todo para el futbolista, al que a los treinta años empieza a oír aquello de que cuándo va a colgar las botas. Es una losa. Un sinvivir. Una carrera, una profesión y un trabajo que dura, de media, unos quince años.
Iván siempre fue joven. La eterna reválida. El “ahora sí” de cada inicio de temporada. Es de esos jugadores a los que la irregularidad le hacían mantener un aura de juventud. Un Guti, para que nos entendamos. Pero las comparaciones, y mucho más en las despedidas, no valen para nada. Iván es único. Diferente. El bajito con el que el tiempo se para. El de las últimas e increíbles asistencias.

Ha estado defendiendo, durante casi una década, la camiseta del Espanyol. Ha vivido, en primera persona, el gol de Coro contra la Real Sociedad y las lágrimas de Lotina en el banquillo del Lluis Companys; las campañas en las que los blanquiazules se salvaban en la última jornada.
Partidos europeos. De magnífico e infausto recuerdo. Del 3-0 contra el Werder Bremen a la final en Glasgow contra el Sevilla. Ha levantado una Copa del Rey en el Santiago Bernabéu. Y, en definitiva, aquel chaval que creció en La Masia se empapó de los valores y el sentimiento del otro equipo de la ciudad. Una década da para mucho.
Llegó a ponerse la camiseta de la selección española, pero su inconstancia le volvió a condenar. Un jugador de extremos. Tanto que, con él sobre el césped, o jugabas con diez o con doce. Todo eran momentos. Pases decisivos. Chispazos de calidad. Aparecía y desaparecía. Sólo por eso valía la pena mantenerlo sobre el campo.
Cornellà-El Prat no ha podido disfrutar de su fútbol. En dos temporadas, que son las que lleva el Espanyol instalado en uno de los mejores estadios de España, ha jugado cinco partidos. Los suficientes como para verte desanimado y obligado a dejarlo. En este mismo mes de mayo ha cumplido los treinta y cinco.
Una tarde de despedidas, la que se vivirá contra el Sevilla. Kameni, Osvaldo, Callejón, Javi Chica y Javi Márquez pueden ser los siguientes en abandonar la entidad.
La despedida más especial, no obstante, será la de Lo Pelat. Todos nos quedaremos con aquel de sabor de boca, el de lo agrio por su retirada y el de lo dulce por sus momentos.
Pero sólo hay una cosa de la que podemos estar seguros: hubiéramos disfrutado de un fenómeno si la pieza, de altísima calidad, no hubiese sido tan frágil.
Fuente externa: Gonzalo de Melo / faltadirecta.com
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Esta entrada fue publicada el 19/05/2011 por en DE LA PEÑA.
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