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Periodistas y Anónimos

La tele de Puskas

Fuente externa: Luis Villarejo/Sportyou
Puskas vivió sus últimos tiempos en una clínica de Budapest pegado a una tele. Tenía mando a distancia pero sólo un canal llenaba su vida: Real Madrid TV. Día y noche, con la memoria perdida, echaba un vistazo a todos aquellos que vistieron la camiseta blanca. Antiguos, modernos y juveniles. En blanco y negro, y en color. El escudo del Madrid le acompañó el resto de su vida.
Puskas Ferenc -en húngaro el apellido va delante- tuvo una vida de novela y por eso el director húngaro Almási Tamás ha llevado al cine un documental galardonado en la SEMINCI de Valladolid en el que se mezcla el fútbol, la historia, las repercusiones de la invasión soviética en Hungría y sobre todo, su pasión por el fútbol. El único sitio donde se sentía seguro era con el balón en los pies. Ahí, en ese escenario estaba blindado, no tenía miedo a nadie. Dominaba la situación y el rumbo.

Hace algunos años, ya en una serie del Plus, ‘El partido del siglo’ producida por Querejeta y con guiones de Segurola y Valdano, Puskas ya dejó una frase para la historia en la última fase de su vida, con los ojos llorosos: “El fútbol me gusta más que la vida”, dejó a modo de sentencia.
Sirve la excusa de este documental que se ha exhibido en la Filmoteca Nacional, en el cine Doré, para poner en valor las historias del fútbol. Viendo su vida, repleta de sinsabores, de alegrías, de penas, de desarraigos –tardó décadas en regresa y pisar Budapest-, uno se da cuenta de la ausencia de aventuras auténticas, de verdad, emocionantes, en nuestros héroes del siglo XXI.
Puskas, antes de irse al otro mundo, habló a tumba abierta a las cámaras. De niño, desde la ventana de su cocina veía un campo de fútbol de verdad; no tenían nada, robaban una media a su madre, la rellenaban de hierbas secas y ‘fabricaban’ un sucedáneo de balón que les alegraba el tiempo de ocio.
Almási Tamas, el realizador húngaro, explicó el sentido del título que puso a su documental. Por cierto, un género periodístico que en España, en el ámbito del fútbol, apenas tiene reconocimiento porque escasea el material. Almási Tamas le puso ‘Puskas, Hungary’, simple y llanamente, porque hasta su casa llegó un día una carta desde Suecia, con un esa dirección en el sobre. Ni calle, ni ciudad, ni códigos, ni nombre completo. La misiva atravesó en los años 50 varios países y su fama era tal que el servicio de Correos era capaz de llevarse cartas con sólo esas dos palabras: Puskas, Hungría.
Siempre es bueno recordar la historia del fútbol. Y escuchar a este tipo de estrellas, aún más. Siempre aportan datos. Detalles que pueden ser vigentes incluso en el siglo XXI. Puskas insinúa y narra con inteligencia que, cuando llegó al Real Madrid, entró sin hacer mucho ruido, respetando la jerarquía del momento, que representaba Don Alfredo di Stéfano en aquel momento.
Puskas ayudaba a los grandes. Él hablaba en el campo. Se asoció a las estrellas que mandaban y fue de presumir poco. Respeto máximo a los galones. No llegó a competir con nadie. Tipo inteligente. Con el paso del tiempo, otro zurdito, éste alemán de origen turco, que se llama Özil, tras su primer año en el Real Madrid, parece haber seguido el consejo de Puskas.
‘Chicos bien, moral óptima, respetar adversario”, que decía otro húngaro de fuste, Ladislao Kubala. Es decir, oír, ver y callar en un vestuario como el Real Madrid, donde hay que saber manejar y respetar los egos. Los nuevos, a entrenar, a jugar y no molestar. El tiempo pone luego a cada uno en su sitio.
Hay equipos hechos, como el FC Barcelona, donde Pep Guardiola sabe que el éxito de los fichajes venideros depende de su actitud ante el colectivo. En ese Barça, tipos como Ibrahimovic era imposible que encajaran. Gente como Puyol, Xavi e Iniesta lideran una multinacional a la que sólo se puede incorporar para triunfar gente con un perfil solidario y de respeto a quienes lideran los valores de un club tan especial y universal como el FC Barcelona.
Mascherano es un ejemplo de adaptación. Personaje con autoridad en la selección argentina, el ‘jefecito’ ha visto a veces partido desde el banquillo. Siempre sumó, nunca se quejó. Y al final, juegue de lo que juegue, Guardiola le sacó partido.
Puskas llegó gordo al Real Madrid. Y sabía que adelgazando 20 kilos volvería a ser el número uno del mundo. Fue el primero que ganó a Inglaterra en su país, ganó el oro en los JJOO y un extraña jornada en la final del Mundial del 54, ante Alemania, le dejó con la miel en los labios. Llegó medio lesionado a aquella final, que ganó Alemania tras remontar dos goles.
Era una estrella. Le fichó Bernabéu, se integró, fue aguador cuando le necesitó el equipo, se hizo querer por todos, olvidó que era un fuera de serie y triunfó en el Madrid con sus Copas de Europa y sus cuatro goles en Glasgow ante el Eintracht de Francfort. La humildad y la sabiduría de la calle le dio aire en aquel Madrid de mitos y leyendas. Los nuevos que llegan a un club grande, como el Madrid o el Barcelona, tienen en su actitud un ejemplo.

Fuente externa: Luis Villarejo/Sportyou
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Esta entrada fue publicada el 16/05/2011 por en puskas, REAL MADRID.
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